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martes, 28 de enero de 2014

Segundo asalto

Dónde diablos estés. Por fin, me atreví a resumir aquel casi año. 

Cuando queríamos romper ventanas... y lo hacíamos. 

Dónde diablos estés. Si lo lees, no te lo tomes a mal. 

Todo está pasado por el filtro del tiempo y mi imaginación tramposa. Si te preguntas "¿Se ha atrevido a hablar de los dos?" observa la cifra y considérate contestado. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera, es lo que pretendía.

Una broma desde la distancia. 

2012. El año del supuesto fin del mundo... en cierta manera... sí... el fin de tí y de mí... algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. 

Y como extrañas plantas, crecíamos más cuando menos agua y luz existían a nuestro alrededor. 

¿Cómo podíamos pretender gustar al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos, sin raíces... en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. 

Pero, de cualquier manera, ya era demasiado tarde para nosotros. 

¿Cómo podían asentarse en la tierra dos seres tan volátiles?

Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay más que decir.

Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano. Yo no.

lunes, 24 de junio de 2013

Para B.

Supongo que el problema empieza
en que no te conozco tanto como
para saber interpretar tus señales.
Compartimos besos pero no vida.
Y eso hace que no encajemos en
este puzzle de medidas imperfectas.
Nos lanzamos como profesionales
a la pista de baile a deslizarnos por
un suelo escurridizo y confundimos
cada tropiezo con un fracaso cuando
en realidad, lo único que hacíamos era
aprender(nos) a bailar.
Nos acostumbramos a soñar desnudos
y olvidamos arropar el corazón.
Y un día se constipó.
Y cuando llegó la enfermedad
se acabaron los milagros, y los besos
no curaban sino que nos agrietaban
los labios.
Pero seguíamos pidiendo más,
como noveles que no saben leer las
señales de stop.
Y ahora, a mis tardes integrales
no acompañan tus desnudos.
Parece ser, que al final, nos contagiamos
de todas las despedidas que observamos
en los aeropuertos, y cogimos
el primer vuelo que viajaba
hacia atrás.
Hasta el pasado anterior a conocernos
y vestimos de olvido nuestro cuento
como si nunca hubiéramos existido,
juntos.
Pero hay una cosa que ni el tiempo
ni la ausencia pueden comprender y, es,
la intangibilidad de nuestra historia.
Que a pesar de todo, y de todos,
siempre seremos el siempre
que un día fuimos.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Placer y destrucción.

Me disparaste a quemarropa.
Me asesinaste. Ojalá y hubiera sido a la primera, pero no.
Estuve muriendo lentamente durante seis meses. Arranqué las hojas del calendario y nunca vi luz.
He visto como mis fuerzas se iban desvaneciendo poco a poco y como toda esperanza de sobrevivir se desvanecía.

Ha sido una tortura. Cruel y mezquina. Para los dos.
Deberíamos haber parado hace mucho tiempo. Nos gustaba jugar a la ruleta rusa y al final, como en todo, hay un perdedor y un ganador. Y esta vez, por una vez, he sido yo la ganadora.

Aún así, creo que en cierta manera, hemos muerto los dos. Tú más. Con esto, una parte de tí también se va, aunque estés convencido de que no.

Ya no habrá más dónde estás que no te veo, ni miradas con ansias de comernos vivos, ni madrugadas que se convertían en días, ya no seré tu conserje de noche, ni me subirás la falda, ni mirarás de reojo por el espejo retrovisor, no te rescataré de una noche de domingo, ni alquilarás vuelos sobre abismos apaisados, no te pondré carita de pena, ni será primavera dónde tú creciste. Tampoco buscaremos aparcamiento como el quien buscaba aliento, ni los semáforos serán puntos de derroche, no naufragaremos entre las sábanas de cualquier cama, ni trazaremos un plan para sobrevivir.


Si vuelvo a nacer... te busco, sin duda, detrás de la luna, del amanecer dónde tengo las de perder.