jueves, 30 de agosto de 2012
Cuando éramos reyes.
Cuando éramos reyes no había más preocupaciones que nuestros sueños. No había reino, pero si un te quiero debajo de las pestañas que nos alimentaba con una mirada. Había una ilusión que entrelazaba nuestros dedos. Y nuestras noches. Los bailes infinitos en tu cama, como dos notas perdidas en el pentagrama de tus sábanas. No había distancia que pudiera ganarle la guerra al corazón. Que la distancia terminaba donde empezaban nuestros pies. Y nuestros pies no se daban por vencidos. Que vencer era ganar, y nosotros ya nos habíamos ganado. Que cuando éramos reyes... Cuando éramos reyes no conocíamos el dolor.
"A pie de cualquier camino, al filo de la mañana, un corazón encendido da vida y luz al alba".
PD: Una invitada que se pasaba por aquí, a dejar una pequeña huella.
martes, 26 de julio de 2011
Palabras
Tiene usted derecho a guardar silencio. Todo lo que diga puede ser utilizado en su contra
Sois capaces de enamorar, convencer, odiar, animar, desear, joder, dar aliento, entristecer y un sinfín de cosas más.
A través de vosotras se ha conseguido todo lo que se puede imaginar. Sois bellas y necesarias, pero también, un arma de doble filo.
A mí me jugáis malas pasadas. Por eso, igual, soy de pocas palabras. Los que me conocéis sabéis que puedo estar horas callada, sin decir nada.
Cada vez que voy a hablar contigo, tengo miedo. Miedo a no encontraros, a no saber utilizaros correctamente, a herir con vosotras, a provocar rechazo y llegar a rozar el odio.
Es un esfuerzo infinito, una búsqueda en lo casi imposible.
Lo intento la mayoría de los días, otros me dejo llevar, pero hay una jodida piedra que siempre me hace tropezar una y otra vez. Esa que no me deja levantarme, ni avanzar, ni ser quien yo quiero ser.
No sé que hacer, de verdad.
¿Tienes un reloj del tiempo? Quiero volver a aquellos días en los que dabais igual. Os utilizaba a mis anchas, sin darle importancia a tus reacciones. Te hacían gracia. No había dobles sentidos, triples interpretaciones ni cuádruples enfados.
Creo que cada día os utilizaré menos, estáis dejando de gustarme, empiezo a cansarme de vosotras, estoy harta de que por vuestra culpa esté perdiendo día a día cosas valiosas y, en los tiempos que corren no quiero ni tampoco puedo permitirme ese lujo.
Llámame cobarde, si quieres, por teclearlo.
Y es que ya se sabe: con la boca cerrada no entran moscas...
domingo, 19 de junio de 2011
Vuelva usted mañana.
Sentí que alguien desconocido metía una mano en mis entrañas, las removía hasta encontrarlo, y entonces me lo arrancaba de cuajo. El corazón. Lo ví morir encima de una mesa de operaciones, latiendo cada vez más débilmente hasta que paró.
Y por dentro, vacío. Hueco. Espacio. Nada. Absolutamente nada. Creo recordar que no sentí dolor, pero sí vulnerabilidad. Era frágil y tus palabras eran disparos a bocajarro. Ojalá hubiera pedido a los Resye Magos un chaleco antibalas. Dos lágrimas recorrieron toda mi cara hasta caer al pantalón. Sólo.
Una vez me dijeron: mira niña, cuándo realmente quieras a una persona (sea quien sea) con todas tus fuerzas, con el corazón y el sentimiento sea verdadero no te importará nada, serás capaz de perdonar y dar otra oportunidad.
Y, cuándo esto sucede, no te saturas, no se necesita tiempo para estar tranquilo, no quieres distanciarte, no dices que nunca jamás volverás a ser cómo has sido hasta ahora.
Me has cerrado tus puertas. Tenían horario como si de una oficina del INEM se tratara. De 8h. a 14h.
Tengo la impresión de que he estado llegando todos los días cinco minutos antes de que cerraras, alargando tu jornada de trabajo.
Hace unos días cuando fui, como de costumbre, me encontré un cartel: Vuelva usted mañana.
Pero... mañana... a lo mejor, estoy durmiendo.
Y por dentro, vacío. Hueco. Espacio. Nada. Absolutamente nada. Creo recordar que no sentí dolor, pero sí vulnerabilidad. Era frágil y tus palabras eran disparos a bocajarro. Ojalá hubiera pedido a los Resye Magos un chaleco antibalas. Dos lágrimas recorrieron toda mi cara hasta caer al pantalón. Sólo.
Una vez me dijeron: mira niña, cuándo realmente quieras a una persona (sea quien sea) con todas tus fuerzas, con el corazón y el sentimiento sea verdadero no te importará nada, serás capaz de perdonar y dar otra oportunidad.
Y, cuándo esto sucede, no te saturas, no se necesita tiempo para estar tranquilo, no quieres distanciarte, no dices que nunca jamás volverás a ser cómo has sido hasta ahora.
Me has cerrado tus puertas. Tenían horario como si de una oficina del INEM se tratara. De 8h. a 14h.
Tengo la impresión de que he estado llegando todos los días cinco minutos antes de que cerraras, alargando tu jornada de trabajo.
Hace unos días cuando fui, como de costumbre, me encontré un cartel: Vuelva usted mañana.
Pero... mañana... a lo mejor, estoy durmiendo.
miércoles, 8 de junio de 2011
Al borde del abismo veraniego.
Despierta, pequeñita, es junio. Has estado durmiendo todo el invierno, esperando. Las escuelas cierran y las terrazas abren. Ya puedes ir descalza y pintarte las uñas de ese color que tanto te gusta, el rojo. La gente se echa a la calle con la necesidad imperiosa de buscar el calor y la compañía. ¿No los oyes? Son días de decir hasta luego, de cerrar libros y ciclos, y de soñar con un verano maravilloso.
"Este va a ser el mejor verano de toda mi vida" nos prometemos algunos, cerrando con fuerza los ojos hasta casi hacernos daño y ver estrellitas de colores.
Cuando hago esto, casi siempre, me imagino en un cadillac descapotable, como las mujeres de las películas antiguas, con un pañuelo de lunares en la cabeza, los labios rojos y unas gafas de pasta negra y el viento despeinando mis rizos. Recorriendo carreteras secundarias. Siendo tu compañera de viaje.
Volverá, volveréis y volverán las tardes interminables de piscina y cerveza, las siestas en el sofá de casa de mis abuelos, el cine de verano, los banquetes nocturnos, las copas cualquier día de la semana y las pelis a altas horas de la madrugada, y quién sabe si algún beso robado en un rincón de una calle cualquiera.
Una huída hacia delante. Esa era la teoría en septiembre del año pasado. Suspenso. Intentaremos probar suerte otra vez. Mientras, cuatro meses por delante para disfrutar y olvidar, pensar y recapacitar, ver errores e intentar repararlos.
Estoy convencida. Volverás tu también. Lo sé. Y si no... me iré a vivir al Himalaya.
"Este va a ser el mejor verano de toda mi vida" nos prometemos algunos, cerrando con fuerza los ojos hasta casi hacernos daño y ver estrellitas de colores.
Cuando hago esto, casi siempre, me imagino en un cadillac descapotable, como las mujeres de las películas antiguas, con un pañuelo de lunares en la cabeza, los labios rojos y unas gafas de pasta negra y el viento despeinando mis rizos. Recorriendo carreteras secundarias. Siendo tu compañera de viaje.
Volverá, volveréis y volverán las tardes interminables de piscina y cerveza, las siestas en el sofá de casa de mis abuelos, el cine de verano, los banquetes nocturnos, las copas cualquier día de la semana y las pelis a altas horas de la madrugada, y quién sabe si algún beso robado en un rincón de una calle cualquiera.
Una huída hacia delante. Esa era la teoría en septiembre del año pasado. Suspenso. Intentaremos probar suerte otra vez. Mientras, cuatro meses por delante para disfrutar y olvidar, pensar y recapacitar, ver errores e intentar repararlos.
Estoy convencida. Volverás tu también. Lo sé. Y si no... me iré a vivir al Himalaya.
jueves, 21 de abril de 2011
- Oye, y tú que tienes un blog tan chulo. ¿Cada cuanto escribes?
- No sé... no me obligo. Cuando tengo que contar algo, o me siento mal, o veo la necesidad de explicar algo sin involucrar a nadie me siento delante del ordenador y lo hago.
Creo, que seguiré desvelandoos más secretos.
Como ya os dije, cuando era pequeña era capaz de volverme invisible. También fabricaba besos de sabores. Los tenía de: chocolate, menta, melocotón, nata (que eran mis favoritos) y fresa. A veces se me acababan y decidía que no quería seguir repartiendo besos y a veces hacía tantos que terminaban por caducar.
- No sé... no me obligo. Cuando tengo que contar algo, o me siento mal, o veo la necesidad de explicar algo sin involucrar a nadie me siento delante del ordenador y lo hago.
Creo, que seguiré desvelandoos más secretos.
Como ya os dije, cuando era pequeña era capaz de volverme invisible. También fabricaba besos de sabores. Los tenía de: chocolate, menta, melocotón, nata (que eran mis favoritos) y fresa. A veces se me acababan y decidía que no quería seguir repartiendo besos y a veces hacía tantos que terminaban por caducar.
martes, 5 de abril de 2011
Cuando era pequeña, era capaz de volverme invisible.
Me tapaba la cara con las manos y desaparecía. Era facilísimo y me encantaba. A través de una pequeña rendija que dejaba podía ver todo lo que pasaba a mi alrededor sin que nadie notara que yo estaba allí.
Ahora, hay veces en las que daría lo que fuera por poder seguir haciendo lo mismo. Como anoche.
Me tapaba la cara con las manos y desaparecía. Era facilísimo y me encantaba. A través de una pequeña rendija que dejaba podía ver todo lo que pasaba a mi alrededor sin que nadie notara que yo estaba allí.
Ahora, hay veces en las que daría lo que fuera por poder seguir haciendo lo mismo. Como anoche.
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